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Desde hace tiempo, al menos desde el nacimiento de la gran movilización mundial en 2005, las organizaciones sociales de todo el mundo, como las que integran la Alianza Andaluza contra la Pobreza, venimos denunciando que el incumplimiento por parte de los países ricos de su parte de la asociación para el desarrollo que marcaba el Objetivo 8 condenaba al fracaso a los ODM comprometidos para 2015, así nos lo iban indicando las proyecciones del ritmo actual de avance de los distintos indicadores.
En ese contexto la crisis actual sólo es la puntilla que asegura, trágica pero muy anticipadamente, el incumplimiento de los ODM. Y, sin embargo, habría, al menos que apuntar dos cuestiones: - En primer lugar, que la falta de compromiso por parte de los países ricos, el incumplimiento de sus propias promesas (mucho menores de las necesarias y exigidas por el reto de los ODM y su cuantificación por Naciones Unidas y las ONGD) y el descenso constatable de la AOD eran anteriores a la crisis, y los culpables no deben refugiarse en la misma para disculpar su incapacidad de estar a la altura.
- Por otra parte, si los ODM parecían estar condenados al fracaso hace tiempo, ¿han sido un esfuerzo inútil? Consideramos que no, que las razones que los hicieron nacer (una visión positiva de las políticas públicas de AOD frente a la “fatiga del donante”, a la luz de una reflexión sobre su papel en los últimos 50 años, en la que la principal lección aprendida es que la ayuda es imprescindible, pero no suficiente, siendo necesarias condiciones políticas y económicas que permitan su efecto multiplicador), la filosofía que subyacen a los mismos (esto es, la necesidad de trazar unas metas para que la cooperación tenga un impacto real en la erradicación de la pobreza y la concepción del desarrollo como una responsabilidad compartida de los agentes del Norte y del Sur, en la que la apropiación de los objetivos y resultados por parte de sus beneficiarios es la condición primera y esencial), así como las dinámicas generadas (disponer de un horizonte y agenda común por parte de todos los agentes implicados en el desarrollo, el cambio de tendencia en la AOD, la aparición de nuevos debates sobre la financiación del desarrollo, el nuevo marco de la calidad y eficacia de la ayuda) en sí mismas han merecido la pena, se han consolidado en el campo de la cooperación y el desarrollo y se mantendrán más allá de 2015. En definitiva, que hoy, tras los ODM y gracias a ellos, la cooperación al desarrollo es otra y mejor que antes. Más fiel al objetivo de desarrollo y erradicación de la pobreza y más eficaz en su posibilidad.
Por tanto, no consideramos que los ODM y la movilización generada en torno a ellos y que seguirá hasta 2015 sean una oportunidad perdida. Lo fue para unos países ricos que siguieron optando por la barbarie, pero no para la nueva sociedad civil global que apostó y sigue apostando por la civilización para todos. Chema Castells, miembro de la Alianza Contra la Pobreza. Art. Extraído del nº 1 de la revista Andalucía Solidaria. |